Camino al interior de uno mismo


Camino de Santiago

Escrito en el año 1999.

Con todo lo necesario al hombro (poco mas de 10 Kg.), unas botas de treking para el duro y largo camino, un sombrero de ala ancha para el tórrido sol, un bordón en donde apoyarse y el espíritu animado partimos, mis tres hijos y yo, en dirección de nuestro destino a tan solo 205 Km. a pie. Diez días para viajar al interior de uno mismo y descubrir quienes éramos. ¡ULTREIA!

Salimos en autobús de Madrid rumbo a Ponferrada el día 5 de julio de 1999 con nuestra credencial de peregrino firmada por la Asociación de Amigos del Camino de Santiago. Una vez en Ponferrada decidimos comenzar ese mismo día nuestra aventura. Nuestro primer destino era Villafranca del Bierzo a 22,5 Km. Salíamos de la provincia de León, cerca de las puertas de Galicia.

Al llegar a Villafranca al atardecer no pudimos alojarnos en el Refugio Municipal ni en el del Jato ya que se encontraban completos, habíamos salido muy tarde de Ponferrada. Sin embargo la Junta de Castilla y León nos ofreció un lugar acogedor donde pasar la noche y poder ducharnos en su Base de Acampada perfectamente equipada y atendida.

Después de habernos repuesto con un buen descanso y un copioso desayuno partimos hacia nuestro segundo destino en Vega de Valcarcel a tan solo 18,9 Km. Allí pudimos alojarnos en las antiguas escuelas debajo del viaducto de la N-VI. En Vega de Valcalcer mis hijos compraron unos bordones, se dieron cuenta de lo útil que podrían ser en la subida a O Cebreiro. La gente fue muy amable y pudimos mantener una agradable conversación con un Guardia Civil retirado y un antiguo funcionario de correos que nos deleitó con sus aventuras en África.

Al día siguiente iniciamos la dura subida de 11,1 Km. a O Cebreiro, ya en tierras de Galicia. Podíamos haber ido desde Villafranca directamente pero preferimos hacerlo en dos jornadas, no queríamos machacar nuestros músculos, poco acostumbrados a las largas caminatas. En O Cebreiro la Xunta de Galicia tiene un gran refugio y desde allí las vistas son impresionantes.

Ya en tierras gallegas partimos el día 8 hacia Triacastela a 20,5 Km. pasando por el Alto do Poio. Triacastela es la ciudad de los tres castillos, de los que hoy en día no quedan ni las ruinas. Antiguamente los peregrinos solían llevar una piedra de cal, desde este lugar, para contribuir a la construcción de la Catedral de Santiago. En Triacastela, al igual que en otros lugares de Galicia, el ejército monta tiendas de campaña como refuerzo a los refugios, pero afortunadamente pudimos dormir en el confortable refugio.

Nuestro siguiente destino fue Sarria a 18,6 Km. La noche en el refugio será inolvidable ya que en la sala había un peregrino que roncaba con silbidos, al igual que en los dibujos animados, lo cual provocaba la risa del resto de peregrinos. A la mañana siguiente no pudimos salir ya que mi hijo mayor estaba con fiebre, tuvimos que ir a urgencias y allí le diagnosticaron una gastroenteritis. Al no poder quedarnos otra noche en el refugio nos trasladamos al Hotel Londres donde el personal se portó de maravilla en atenciones.

Al final, el día 12, ya repuesto, pero no para caminar, mi hijo mayor partió en tren para Madrid y yo con mis otros dos hijos (gemelos) partimos hacia Portomarín a 22 Km. Pasamos por el mítico Km. 100 entre Brea y Ferreiros, ¡Ya estábamos a la mitad de nuestro recorrido!. En Portomarín nos tuvimos que duchar con agua fría en el polideportivo debido a una avería en el refugio y a que el Ayuntamiento quería hacer negocio con los peregrinos cobrando el agua caliente.

Nuestro siguiente destino fue Palas de Rey a 24,3 Km. Pasada la aldea de Prebisa se encuentra el Cruceiro de Lameiros, uno de los más interesantes de toda la ruta, fechado en 1670. En Palas de Rey nos encontramos con un perro, aparentemente sin dueño, que hacía la ruta con los peregrinos. Mis hijos lo llamaron Santiago y nos acompañó durante buena parte del camino.

Al día siguiente teníamos una gran caminata de 28,6 Km. Queríamos haber dormido en el bucólico refugio de Ribadiso da Baixo a orillas del río Iso pero al final acabamos en el polideportivo de Arzua, después de regresar del caduco refugio situado a las afueras y comprobar que también estaba ocupado. Hoy en día han construido un nuevo refugio con mayores prestaciones.

Desde Arzua a Monte do Gozo fue nuestra mayor travesía 34,5 Km., ya los kilómetros iban pesando pero la idea de que Santiago estaba cerca nos iba ayudando en nuestro caminar. En Monte do Gozo pudimos descansar en los barracones que hay destinados para los peregrinos y lavar la ropa en una lavadora ¡todo un lujo!.

Después de un buen desayuno salimos temprano para Santiago que estaba a tan solo 4,4 Km. Estábamos a 16 de julio. Al llegar fuimos a la Oficina del Peregrino en la Rua do Villa 1, donde nuestro documento acreditativo, también conocido como Compostela, de haber realizado la peregrinación bajo pietatis causa nos esperaba.

Después de visitar la Catedral con el correspondiente abrazo al Santo, asistimos a la emocionante Misa del Peregrino donde el aroma esparcido por el botafumeiro nos hizo olvidar nuestro largo caminar.

Aquella noche fuimos a pernoctar al Seminario Menor, en la planta que tienen destinada para los peregrinos, y nos dimos una buena cena. Nuestro objetivo había sido cumplido, pero como dicen muchos peregrinos ¡El camino comienza en Santiago!

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