Homenaje a Víctor Jara


Víctor Jara

Este es un pequeño homenaje que quiero rendir a uno de los cantautares que más significó en mi juventud cuando yo tenía 19 años y hacía un viaje (Agosto 1975) con unos amigos y compañeros de trabajo por los Picos de Europa y Pirineos. También quiero agradecer a estos amigos (Tury, Mª Paz, Maxi, Jose, Paco y J. Alguacil) que me regalaran por mi cumpleaños el libro “Confieso que he vivido” Memorias de Pablo Neruda.

El siguiente texto ha sido escrito por Antonio Gómez (Diciembre 1974) © MOVIEPLAY / ESTEREO / S-32.622 para el disco que lleva por título “Te recuerdo Amanda”.

Víctor Jara era un cantante poco conocido en nuestro país. Con el silencio de los hombres verdaderos su canto hacia su trabajo allí donde debía hacerlo: en su tierra, con su gente. La dolorosa noticia de su muerte nos golpeó en lo más hondo, y como en una caja de resonancia se lanzó al mundo, como ejemplo de cantante, de hombre, de militante. La muerte a veces nos golpea así, cuando menos lo esperamos, aunque en esta ocasión, cada día nos lanzáramos sobre el periódico para, a falta de otras posibilidades, leer las noticias amargas.

Víctor Jara había nacido en 1938 en Chillan; de familia campesina, se ocupó desde muy joven en el estudio y la interpretación del folklore. Aunque sus estudios y sus primeras actividades le llevaron al terreno de la dirección teatral, donde destacó como director de obras importantes del teatro progresista mundial. Formó parte del conjunto Cucumen, junto a ese otro gran cantante y compositor que fue Rolando Alarcón, y desde 1966 a 1969 fue director musical de los entonces nacientes Quilapayun. Paralelo a todo esto desarrolla su actividad como compositor y cantante que ha quedado reflejada en discos que son una muestra del hacer del cantor popular, de su responsabilidad histórica y estética, de su compromiso con el pueblo y de la coherencia de su pensamiento. Tenía esposa y dos hijas. El 16 de septiembre de 1973, en el Estadio Nacional Santiago de Chile, donde tantas veces había cantado en vida y entonces convertido en campo de concentración, encontró la muerte.

Este primer disco de Víctor Jara que ahora se edita en España recoge varias de las más hermosas muestras de su trabajo como compositor y cantante. Su aguda sensibilidad como músico y su coraje y su fuerza de letrista. Nada mas lejano a Víctor Jara que la búsqueda infructuosa de palabras bonitas. Sus canciones son, ante todo, directas, inmediatas y hermosas. Tratan de los problemas y las alegrías del pueblo chileno, pero no se encierran en el, sino que se abren a todos los países del mundo mostrando una de las características mas hermosas de la Nueva Canción Chilena: su internacionalismo. Canta aquí Víctor canciones de Uruguay (“A desalambrar”), de Mexico (“Juan sin tierra”), de Perú (“A la Molina no voy más”), de Centroamérica (“Duerme negrito”), de España (“El niño Yuntero”), todas ellas adquieren sentido universal en su voz..

Pero hay otro aspecto en este disco que no conviene olvidar porque nos daría una imagen incompleta del cantor popular: es lo que tiene de búsqueda de nuevas formas, de nuevos caminos dentro del folklore latinoamericano. No olvidando su raíz folklórica, sino profundizándola, Víctor Jara, como otros miembros de la Nueva Canción Chilena, ha investigado y profundizado en las formas musicales del siglo XX, y ha encontrado nuevas formas de comunicarse con el pueblo. El resultado de ello es la segunda cara de este disco, en el que canta canciones acompañado por Angel Parra y por el conjunto Blops.

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